La imagen de Lena se aferró a su mente.
Su mano siguió. Cada movimiento de fricción contra su miembro aceleró su respiración.
En su cabeza recordó a Lena en el mirador, su cabello sedoso movido por el viento. Ojos brillantes y labios carnosos con el arco de cupido deliciosamente marcado. ¿Qué se sentiría meter su lengua en esa boquita perfecta y mal hablada?
La imagen de ella con el pijama ligero y los pezones marcados bajo la tela la siguió.
Fantaseó con bajarle la blusa y ver sus pechos.
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