A las ocho de la noche su teléfono vibró. Una llamada de Lía.
—Hola.
—Hola, Lena. Oye, ¿tienes algo que contarme? ¿Algún secreto muy bien guardado? —tomó aire—. ¡Ya sé! Una boda. O que tu prometido casi le parte la cara a Giovanni.
—Oh, eso —Lena se mordió el labio inferior. No le había contado esas cosas a su prima. No porque no confiara en ella. Solo que no tuvo oportunidad de tocar el tema y ya está.
—Sí. Eso. ¿Cómo es que te vas a casar si ni siquiera te has divorciado? Pensé que me habías