Alfonso había corrido el rumor. No al azar. Usó las palabras correctas, todo de un modo estratégico.
Primero a los socios clave. Los que más dudas tenían. Los que podían hundir la empresa con una sola llamada.
Después a su padre.
Humberto Montoya lo escuchó en silencio. No preguntó, ni dio su opinión. Asintió con voz apagada.
—Confío en ti —le dijo a modo de despedida.
Alfonso no supo si era aprobación o derrota. Pero al menos no hubo gritos.
Lena lo escuchó con los brazos cruzados. Una “p