La primera en hablar fue Elena.
—El problema no es la elección de pareja —dijo, con la voz desconcertada—. Alán nos agrada muchísimo.
—Lo sé —cada palabra pronunciada con sarcasmo. Lena había escuchado cientos de veces que a su padre no le agrada el estilo de vida de Alán. Incluso lo acusó de que esa actitud tan liberal y falta de compromiso podría dañar la imagen de la empresa.
—Te queremos —Elena miró a Alán—. Y qué mejor que el hijo de mi mejor amiga para mi amada hija.
Alán le sonrió. No un