La mujer embarazada dio un paso atrás. Se refugió en Dimitri.
—Te hablo —gruñó Lena al no recibir respuesta—. ¿Es que eres muda o idiota?
Dimitri mostró una sonrisa torcida.
—Deja de ser una serpiente envidiosa y hagamos un trato.
Lena entrecerró los ojos y frunció el ceño.
—¿Me llamaste envidiosa? —soltó una carcajada sarcástica—. ¿Qué podría yo envidiarle a esta mujer? ¿Haberme quitado un vividor de encima?
—Si yo fuera tú, me quedaría callada y aceptaría la propuesta que tengo —dijo él, con