Alán no se fue del todo. Pensó en si algo le pasaba a Lena. Si el dolor volvía a sobrepasarla y no había nadie que la consolara. ¿Qué iba a hacer ella sola?
Desde la calle, le marcó por teléfono.
—¿Estás bien? —preguntó. La voz le sonó grave. Preocupada—. ¿No tomaste algún medicamento para dormir o algo?
Lena se quedó callada un segundo. El silencio se alargó. El móvil le pesaba en la mano.
—Estoy bien —respondió al fin. Pero su voz salió baja, casi como un susurro.
—¿Te molesta si regreso? ¿Me