Esa noche la cabeza de Lena estaba a punto de estallar del dolor.
Llegó a su departamento en busca de una pastilla. No aguantaba más.
Dejó su bolsa mal puesta en el sillón de la sala.
Le dio un vistazo rápido a las llamadas perdidas. Dos eran de su padre, una de su madre y cinco de Lía, su prima, la hermana menor de Leonardo.
«Si Lía se enteró es porque de verdad todo está de la mierda», pensó mientras se mordía la uña del dedo índice.
¿Qué importaba la manicura?
Al ver sus mensajes, leyó con a