En la oficina, Alán envió una petición de vacaciones a su padre.
El aire acondicionado soplaba demasiado frío. O tal vez era cosa suya.
Todo se iba a ir al carajo con o sin él. Así que de qué preocuparse. Mejor se largaba lejos. Visitaba bares, museos o lo que fuera. El chiste era estar bronceado y ebrio. Sentir el sol en la cara. No el peso de los errores ajenos.
Alfonso entró sin llamar.
El golpe de la puerta al abrirse le crispó la mandíbula.
—¿Estás loco? ¿Vacacionar cuando todo se cae a pe