Alán vio atento el rostro de Lena y encontró la misma expresión que en la discusión pasada.
El recuerdo le golpeó. El día que ella cortó la amistad. Sentados en los asientos acolchados de una cafetería. Ella tenía los brazos cruzados. Los ojos brillantes de coraje.
—No es que tú busques problemas —le dijo aquella vez—. Es que tú eres el problema.
La frase le aprisionó el pecho de nuevo.
Respiró agitado. Se mordió el interior de la mejilla. Forcejeó consigo mismo hasta que logró componer la voz.