Alán llamó incontables veces a su esposa a lo largo del día. Marcó el número una, diez, veinte veces, hasta que los dedos le dolieron de tanto presionar la pantalla.
La única certeza que poseía en ese instante de desolación era que, un día de estos Lena aparecería frente a él con el contrato de divorcio firmado.
Y eso era algo que bajo ninguna circunstancia, se podía permitir.
Perderla significaba el fin de su mundo, por las enfermo que sonara eso.
Luego de tantos intentos fallidos donde el b