Al abrir la puerta, Paty frunció el ceño de inmediato y adoptó una máscara de fría indiferencia ante el hombre que permanecía parado frente a ella en el pasillo. La tensión del edificio entero se concentraba ahora en esa entrada.
—Buenas tardes —la saludó Alfonso con su tono formal de siempre y se acomodó las gafas sobre el puente de la nariz—. Quiero ver a Lena, por favor.
Paty se cruzó de brazos, tensó la postura y se recordó a sí misma que tenía que comportarse como toda una profesional, s