A la mañana siguiente, los dos llegaron muy temprano al trabajo. El trayecto en el automóvil transcurrió en silencio.
Lena no se había sacado de la mente ni por un segundo la conversación que tuvieron ayer por la noche en el comedor; la manera tan evidente en la que su marido se delataba solo, con los dedos temblorosos y la mirada huidiza.
Entonces llegaron a la empresa, un edificio que esa mañana le pareció más frío y hostil que de costumbre. Subieron por el ascensor en una calma tensa y, a l