Al dar clic en el archivo adjunto e intentar abrirlo en repetidas ocasiones, la pantalla solo marcaba un error de lectura del sistema. El documento parecía dañado o encriptado de forma deliberada.
Lena puso los dedos sobre el teclado virtual; quería responder el correo electrónico en ese mismo instante para preguntarle a la persona de qué se trataba todo ese cuento absurdo.
Sin embargo, antes de presionar la primera letra, pensó en lo que acababa de pasar con el mafioso de cabello rubio, Abel