Después de dos días de miradas provocativas que encendían el aire de la suite médica, de comentarios sugerentes dichos al oído cuando las enfermeras daban la espalda, y de besos intensos en los que se comían las bocas hasta quedar sin aliento, la espera terminó. El médico revisó la herida del hombro, comprobó que los niveles en la sangre eran óptimos y firmó los papeles correspondientes. Alán al fin fue dado de alta, ansioso por abandonar las paredes del hospital.
Alfonso se encargó de traslada