La hora de las primeras confrontaciones llegó con la fuerza de un golpe seco en el pasillo de la clínica.
El padre de Lena culpaba a Alán sin el menor reparo. Alzó la voz entre los pasillos blancos y alegó que en algo turbio debía estar metido el menor de los Montoya para causar semejante tragedia, una desgracia que casi le costaba la vida a su hija.
Adriana, con la elegancia herida pero el instinto maternal encendido, le pidió encarecidamente que no dijera estupideces de su hijo en su presenci