La luz del sol sobre Central Park era de un oro suave y difuso, filtrándose a través de las cortinas de la suite del Hotel Plaza. Me quedé inmóvil por un momento, con la mano apoyada en la curva de mi vientre, escuchando cómo la ciudad despertaba bajo mis pies.
Era mi última mañana como Aria Stone.
Mi estómago dio un vuelco traicionero; una mezcla de nervios y ese rastro de náuseas matutinas que aún me visitaba de vez en cuando solo para mantenerme humilde.
—Lo vamos a lograr, Emma —susurré hac