—Se me acaba de romper la fuente —susurró Aria.
Esas palabras me golpearon con más fuerza que cualquier veredicto legal o espionaje corporativo. Me quedé paralizado por un milisegundo, el tiempo exacto en que mi cerebro procesó la información: Líquido. Parto. Bebé. Ahora.
Entonces, mi instinto de protección tomó el mando.
—Está bien —dije, y mi voz sonó sorprendentemente estable en el silencioso ático—. Todo está bien. Maleta. Coche. Doctora.
Arrojé las mantas a un lado. No me molesté en buscar