El despacho de la fiscalía era asfixiante, gris y sin ventanas. Era el polo opuesto a las lujosas paredes de cristal de NeXus.
—Tenemos que ir más atrás —dijo la fiscal Miller, golpeando su bolígrafo contra un bloc de notas—. Más atrás del baile de máscaras. Más atrás del robo de datos.
Me removí en la silla, tratando de acomodar mi cuerpo de ocho meses de embarazo. Mi espalda era un nudo de dolor constante, un eco sordo de la ansiedad que me oprimía el pecho.
—¿Qué tan atrás? —pregunté.
—A la