Salgo del taxi y camino hacia la entrada del edificio. El guardia de seguridad me deja pasar sin problemas; ya me conoce.
Subo al ascensor y, justo antes de que las puertas se cierren, una mujer hermosa me pide que lo detenga. Lo hago sin pensarlo.
Va acompañada de un hombre robusto, vestido de negro, que carga bolsas y maletas. Son de marca. Caras. Para un hombre.
No sé por qué, pero siento que la he visto antes. Aun así, no me esfuerzo en recordarlo.
Ella me sonríe sin mostrar los dientes