—¿A qué está jugando?—
La rabia se apodera de mi mujer. Sus tacones resuenan con rapidez mientras se acerca a mí, apenas termina la reunión.
—Puedes estar tranquila, no tomé esta decisión a la ligera.— Me levanto y poso las manos en sus hombros.
—Lo hice porque eres demasiado inteligente, como ya te dije. Y porque eres la mamá de mi bebé... mi mujer, mi futura esposa.—
—¡Estás demente!— Se aleja de un paso brusco.
—¿Qué es lo que te molesta?— pregunto, rascándome la garganta.
—Ahora creer