Capítulo 84.
—Por favor, sálvenlos a los dos... —suplicó Elena, con la voz quebrada por el llanto y el agotamiento extremo—. No me importa si yo muero, pero ellos tienen que nacer. Tienen que vivir.
El doctor la miró a los ojos por encima de su mascarilla quirúrgica, evaluando la gravedad de la situación.
—Haremos todo lo posible, señora —le respondió—. Ahora siga nuestras indicaciones y relájese entre cada contracción. Necesita guardar energía.
Las palabras del médico no le dieron el consuelo que necesitab