Capítulo 162.
El sonido de la cinta adhesiva rasgándose rompió el silencio del pequeño departamento.
Charlotte sacó un par de zapatos de una caja de cartón gastada.
Eran unos tacones exclusivos de diseñador, con suelas rojas intactas.
Los miró por un segundo, sintiendo una mezcla de extrañeza y lejanía, como si pertenecieran a otra vida.
Y la verdad es que así era. Pertenecían a una vida que ya no existía.
El departamento que ahora alquilaban en las afueras de Múnich era minúsculo comparado con las mansiones