Capítulo 85.
Cuando Dante abrió los ojos, sintió que el cuerpo le dolía de una forma extraña y pesada.
Estaba sentado en una incómoda silla de plástico en la desolada sala de espera del hospital. Su esmoquin negro estaba manchado de sangre seca y arrugado.
Estaba exhausto. La pelea a muerte en la cabaña le había pasado factura a sus músculos, pero el cansancio físico no era absolutamente nada comparado con el peso que le aplastaba el alma.
Estaba harto.
Se sentía profundamente cansado de estar viviendo de u