Había sido un día casi perfecto, de esos que te hacen creer que el karma finalmente se había tomado un descanso. Isabella estaba a punto de recibir el alta hospitalaria y la atmósfera en la casa de Noah se sentía, por primera vez, real, tangible, despojada de las sombras habituales. Pero el destino, o más bien alguien con demasiado tiempo libre y una malicia cultivada con esmero, decidió que mi felicidad necesitaba un recordatorio de lo sumamente frágil que era.
Llegó un sobre amarillo a mi ofi