El precio de mi pequeña "terapia de choque" matutina en la ducha resultó ser bastante más alto de lo que mi cordura podía soportar. No fue por el esfuerzo físico, ni por el riesgo de reabrir los puntos de la cesárea, sino porque Ian Blackwood, una vez satisfecho y con el ego por las nubes, se había transformado en el ser más insoportable, relajado y sarcástico de la faz de la tierra.
Bajamos a desayunar a la mansión de Noah y la energía en la cocina era... electrizante y cargada de una tensión