El salón estaba decorado con una elegancia que gritaba "Marcos y Elena". Flores blancas, luces tenues y una atmósfera de felicidad que me resultaba casi asfixiante. Me ajusté la corbata, sintiendo el peso de ser un invitado que todos toleraban, pero que nadie realmente deseaba allí.
Santi estaba a mi lado, bebiendo champán en silencio. No había mencionado a Leticia en toda la noche. Sabía por qué: Elena había sido tajante. Leticia no solo no estaba invitada, sino que tenía prohibida la entrada.