La fiesta de Marcos y Elena seguía en su apogeo, pero para mí se había terminado en el momento exacto en que Christian puso su mano sobre el antebrazo de Zoe. Cuando la música bajó de intensidad y las luces se tornaron más cálidas, vi que él se inclinaba hacia ella con esa sonrisa de "buen chico", esa expresión afable y condescendiente que me daban ganas de borrarle de un solo tajo quirúrgico. No soportaba ver cómo su cercanía profanaba el espacio que, aunque me fuera negado, seguía sintiendo c