El hospital se había convertido en un escenario de sombras donde yo era el único que seguía atrapado en la obra. Había pasado un mes desde que el mundo se fracturó, y el tiempo, que antes corría a mi favor en el quirófano, ahora se arrastraba con una lentitud tortuosa. Zoe acababa de entrar en su sexto mes de embarazo; su vientre era una curva prominente que me recordaba, en cada encuentro fugaz por los pasillos, todo lo que estaba perdiendo por mi propia estupidez.
Casi no hablábamos. Si lo ha