—No se trata en absoluto de celos, muchachos. Es... es simplemente una estricta cuestión de principios morales —dije, dándole un trago inusualmente largo y amargo a mi vaso de ginebra con tónica. El hielo tintineó de forma seca contra el cristal, emitiendo un sonido agudo que parecía burlarse de mí en mitad de la noche con la misma intensidad con la que lo hacían mis propios amigos.
Estábamos reunidos en el bar de siempre, ese refugio oscuro, rústico y apartado cerca de las instalaciones del ho