Jessy lloraba, impotente. Trató de arrastrarse fuera de la cama, pero el dolor la dejó en su lugar.
—¡Estás completamente desquiciado!
Su única fuerza era mirar a su bebé y prometerle, desde su interior, que la sacaría de allí. Que escaparía. Que no dejaría que ese loco las separara de su verdadero hogar.
—Si...eso me dicen, pero es una mala costumbre mía. Lo que me gusta lo tomo a como de lugar. Y tú bonita, me gustas muchísimo. Te dejaré descansar. Pasaré más tarde.
Jessy sollozaba tratando d