Cordelia
La puerta se cerró detrás de mí con un chasquido suave. Dejé caer la bolsa con libros sobre la cama y me quedé en silencio unos segundos, respirando hondo.
No por cansancio físico. Sino porque el alma también se desgasta cuando finges todo el día.
Me saqué los zapatos, uno a uno. Disfruté el frío del suelo bajo mis pies.
Mientras buscaba ropa limpia para darme una ducha, no dejaba de pensar en lo que había sentido durante todo el día. La presión constante detrás de los ojos. Una punz