Fernanda
Desperté como en esas películas donde las protagonistas se desperezan con una sonrisita estúpida y el pelo perfecto...
Solo que yo tenía un nudo en la nuca, la boca seca y una pierna de Damien aplastándome las costillas.
—Buen intento, Hollywood —murmuré, empujando su pierna como quien aparta un tronco en el bosque.
Me estiré como una gata perezosa, dejando que cada vértebra crujiera en su sitio. Qué delicia. Qué jodida maravilla. Paz. Por fin.
Me incliné y dejé un beso sobre el hombro