Cordelia
—Nadie me llamará débil otra vez —murmuré.
Vi cómo los espectros lo abrían por dentro, sacando la sangre como si fuera vino dulce, dejando su carne expuesta. Él convulsionaba, pero aún respiraba.
Demasiado lento.
Demasiado hermoso.
Diego jadeaba en el suelo, todavía luchando por respirar mientras la oscuridad de los espectros lo devoraba desde dentro.
—Cor… hermanita —susurró con voz temblorosa.
—No soy tu hermana —le dije, mirándolo con desprecio—. A ella la aniquilaste hace mucho tie