Cordelia
El tiempo se detuvo.
El rayo violeta venía directamente hacia mi Zeiren.
Él se tensó. Su cuerpo enorme, su espalda ancha como un escudo. Su respiración era un susurro en mi oído, pero su cuerpo irradiaba una furia que ya no podía contener.
Sabía que estaba luchando con todo dentro de él, contra la bestia que Astaroth había encadenado a su voluntad.
—Eloah… —me susurró con los labios apenas rozando mi oído—. Confía en mí.
Y antes de que pudiera responderle, me cargó en sus brazos.
—¡Zei