Fernanda
El motor rugió cuando Cordelia pisó el acelerador a fondo, saliendo del estacionamiento como un maldito cohete.
—¿A dónde mierda crees que vas? —grité, mirando por el retrovisor con el estómago encogido.
Los ángeles venían detrás de nosotras. No atacaban todavía, pero sus malditos ojos dorados brillaban como si ya nos hubieran sentenciado a muerte.
"¡Ja, ja, ja! Aunque yo ya estaba morida, pero aún me sentía viva."
—No los voy a llevar a la casa de Damien —resopló Cor, girando bruscam