Cordelia
El agarre de Lysandre en mi muñeca era firme aunque casi perezoso, como si no tuviera que esforzarse para llevarme a donde quería.
Mis pies tropezaban en los escalones mientras me arrastraba fuera del calabozo.
El aire era denso, con el olor de la sangre impregnando cada rincón.
No dije nada. No luché.
No porque estuviera resignada, sino porque cada músculo en mi cuerpo estaba tenso, esperando el momento adecuado.
Subimos el primer tramo de escaleras. Las antorchas en la pared proye