Diego
La cabaña. El maldito corazón de tantos recuerdos que prefería no tener.
Juan iba al volante, con las manos tensas y la mandíbula apretada.
Lo conocía lo suficiente como para saber que estaba nervioso, pero no lo culpaba. Algo en el aire del lago de Caronte siempre había sido inquietante.
Aunque no para mí. Yo estaba acostumbrado.
Me detuve un momento antes de bajar del auto, sintiendo esa punzada de recuerdos que siempre me atacaba al volver. Pero no era nostalgia, no realmente. Era m