— MARIELA
Apenas abrí la puerta de la casa, sentí un frío extraño… un vacío que me caló hasta los huesos. Llamé en voz baja:
—¿Julián?... ¿Estás aquí?
Nada. Solo el silencio como respuesta. Caminé lentamente, casi temiendo lo que podría encontrar. Subí las escaleras y me dirigí hacia nuestra habitación. Sentía el corazón en la garganta.
Cuando abrí la puerta, lo vi todo.
Rosas. Pétalos de rosas esparcidos por todo el suelo… y sobre la cama. En el centro del colchón, un enorme corazón hecho con