Lenna entró en la habitación del hospital donde estaba el papá de Thomas.
El viejo estaba sentado en la cama, pálido, con cables saliendo de su pecho y una máquina que pitaba a un lado marcando los latidos de su corazón. Pero cuando la vio, sus ojos se iluminaron como si hubiera visto el sol después de una tormenta.
—Mi niña —dijo, con la voz ronca y quebrada por la emoción—. Cómo estás de bella. Parece que Tomás te ha tratado súper bien.
Lenna se acercó a la cama y le tomó la mano. A su lado,