La mañana llegó con un sol gris que se filtraba por los ventanales de la oficina de Thomas como una luz enferma. Las nubes cubrían el cielo, densas pesadas como una premonición. Él estaba sentado detrás de su escritorio desde las seis, con los papeles desparramados frente a él, los números bailando frente a sus ojos hasta que le dolía la cabeza. Las ventas seguían siendo buenas, los proyectos seguían en marcha, pero algo en el ambiente le decía que todo estaba a punto de cambiar. No sabía cómo,