El teléfono de Lenna vibró en su bolso como un latido insistente. Recién cuando se alejó lo suficiente de la sala de espera del hospital, donde el eco de las palabras del médico aún le retumbaba en la cabeza, se animó a contestar.
—¿Hermana? —la voz de Max al otro lado era una mezcla de preocupación y ese tono de hermano mayor que siempre la hacía sentir protegida—. ¿Por qué te has demorado tanto? Dijiste que ibas por los papeles y ya. ¿Qué pasó?
Lenna se apoyó contra la pared fría del pasillo.