Las escaleras crujieron bajo los pies de Lenna cuando comenzó a bajar. El vestido negro que había elegido para la noche le llegaba justo por encima de la rodilla, el escote discreto pero perfecto, la tela moviéndose con cada paso como si tuviera vida propia. El cabello le caía suelto sobre los hombros en ondas suaves, y en su cuello brillaba el collar azul que Max le había regalado. Los pendientes a juego, las joyas que habían sido de su madre, las que siempre habían sido suyas.
Thomas levantó