CAPÍTULO 32: Escape desesperado.
El señor protestó un poco, pero la señora ya estaba empujando la silla. Thomas pagó la cuenta con manos temblorosas. Cuando salían, Lenna pasó junto a la mesa de Max. Sus padres la miraron. El padre esbozó una sonrisa orgullosa. La madre, una lágrima contenida.
Lenna no se detuvo. No podía. Pero sus dedos rozaron el borde de la mesa al pasar, un gesto tan pequeño que nadie más lo vio. Max sí. Max vio todo.
—Buena noche —dijo ella, con la voz firme.
—Buena noche —respondió su padre.
Y salió.
Tho