El sol entraba por los ventanales del hospital cuando el médico llamó a Thomas aparte. Era el mismo doctor que había atendido a Anika desde que ingresó, el mismo que había dicho lo de la gastroenteritis, el mismo que había cambiado su diagnóstico después de la noche de los vómitos.
—Señor Thomas —dijo el médico, con el ceño fruncido, los papeles en la mano—. Necesito hablar con usted.
Thomas lo siguió hasta una pequeña sala de reuniones al final del pasillo. Las paredes eran blancas, demasiado