La tarde caía sobre Madrid como un manto de plomo gris. Thomas caminaba sin rumbo por las calles adoquinadas después de la reunión en el café, con las manos en los bolsillos, la mirada perdida en el horizonte. El sol se escondía detrás de los edificios, y las sombras se alargaban a su paso, como fantasmas que lo seguían. Las palabras de Lenna le resonaban en la cabeza como un eco que no se iba. "Diego es tu hijo. Sí, lo es." La verdad había salido a la luz, pero no le trajo alivio. Le trajo rab