La mañana seguía su curso mientras Thomas salía de la mansión con Mateo en brazos. El sol comenzaba a elevarse en el cielo, pero su luz no lograba calmar el temblor que recorría su cuerpo. Cada paso que daba era una condena. Cada latido de su corazón, un recordatorio de que Lenna estaba en peligro. De que Anika la tenía. De que todo dependía de él.
Llegó al auto, estacionado en la entrada. Abrió la puerta trasera con manos que temblaban. Con cuidado, como si fuera el gesto más importante de su