La noche había caído sobre la mansión de Thomas como un manto de terciopelo negro. Las estrellas brillaban en el cielo, pero su luz no lograba penetrar los ventanales de la habitación donde Thomas dormía. Llevaba días sin descansar bien. Las idas y venidas al hospital, las noticias de Anika, la amenaza de aborto, todo le pesaba en el cuerpo y en el alma. Pero esa noche, por fin, el cansancio pudo más que la preocupación. Cayó en un sueño profundo, pesado, sin sueños al principio.
Hasta que los