COLINA
Probablemente esto sea una mala idea, pero me muero por salir, por ayudarlos. No soy del tipo que se queda mirando desde la banca, así que salto a la primera oportunidad. Eso sí, llevo a los de seguridad como respaldo y los dejo tomar algunas decisiones para que piensen que ellos están al mando. Es adorable cómo se ponen nerviosos cuando no les hago caso.
También voy cargada con armas, pistolas y cuchillos, algunos incluso robados. Casi suelto una risa por eso. No puedo llevar mi bate de manera discreta, así que lo dejo atrás. En cambio, me pongo los primeros tacones que encuentro, sin querer perder tiempo buscando mis botas, y nos ponemos en marcha.
El hotel está en el centro, y quedamos atrapados en algo de tráfico en el camino. Siguen intentando llamar a Salvatore, pero no contesta, lo cual no es sorprendente considerando que iba a entrar a una reunión. Aparcamos afuera, y ellos fruncen el ceño al verlo.
—No me gusta esto —murmura uno.
Suspiro, mirando alrededor.
—Tal vez te