Capítulo 236.
—Bohemond—, los ojos se convirtieron en dos pozos profundos, en los que no cabía una sola emoción, más que aquella que le exigía romper los huesos del tipo que abrió los brazos en la cima del edificio en el que se encontraba.
Valente cerró los ojos e inhaló sin ninguna prisa. Sentía ese momento como algo que quería tatuarse en el centro del pecho. Disfrutaba la victoria que le daba el no haberse apresurado y planificar cada golpe que tenía planificado para esa noche antes de marcharse.
—Iba