Epílogo. Parte 1.
Mateo sabía la diferencia entre dos cosas solamente.
Lo que era suyo.
Y lo que respiraba por permiso.
Todo lo demás era ruido. Ruido que había aprendido a ignorar desde niño. Ruido que sabía silenciar con balas, órdenes, o indiferencia. Pero nunca, ni en el peor de sus días, había confundido esos dos conceptos.
Harper no era parte de ninguno.
Ella era la excepción. El margen que no entendía. La anomalía en su lógica.
No era “suya” como una propiedad. No era alguien que respiraba por permiso. El